Por qué no triunfan las telenovelas españolas: una teoría

La fuerza del género de la telenovela en el mundo está en que cuentan con una base de público fiel y cautivo bastante amplia, incluso en las producciones, digamos “normales”, con productos que alcanzan un éxito extraordinario, “Pasión de Gavilanes”, Betty la fea” que atraen y dejan pegados a la pantalla a espectadores que no son público tradicional de este género.

Mientras que las series españolas “Los Serrano”, “Hospital Central”, “El Comisario” y otras, baten records de audiencia, ninguna telenovela española ha logrado sobrepasar el umbral de ser considerado un producto poco menos que mediocre, y el éxito extraordinario sólo ha venido acompañando a producciones latinoamericanas.

En un análisis superficial podríamos pensar que es lógico, ya que las productoras americanas tienen mucha más práctica en la producción de telenovelas, mientras que en España este género es todavía incipiente, y también podríamos pensar que es cuestión de número de producciones: En América se producen multitud de telenovelas y no todas tienen éxito.

Sin embargo, en Todotnv pensamos que, aunque esto puede influir, esa no es la única razón. De hecho hay telenovelas que han sido rotundos éxitos en sus países de origen, que al ser versionadas en España se convierten en productos totalmente prescindibles y olvidables (“el auténtico Rodrigo Leal”). En general, el público español prefiere que las cadenas adquieran la telenovela en su versión americana original, lo que en el argot del sector se conoce como la “lata”, en vez de adquirir el formato para ser producido en España con actores españoles.

Uno de los problemas de las telenovelas españolas es la consideración social del género en sí, que influye directamente en el producto En España las cadenas consideran las telenovelas, no ya un subgénero, sino un infragénero, y a pesar de las evidencias en contrario tratan a los aficionados, nos tratan, como a cuasi-imbéciles, el eslabón perdido entre el hombre y el mono. Utilizan las telenovelas como artículo de relleno, y las ponen y las quitan a medio terminar, cambiando el horario continuamente. En un alarde absoluto de estupidez no sólo nos desprecian, sino que también desprecian nuestro poder adquisitivo, si tenemos en cuenta que la televisión vive de sujetar al espectador delante de los mensajes publicitarios. Sólo ante bombazos como “Pasión de Gavilanes” reaccionan. Sin embargo, en América, las telenovelas, sin que sean consideradas un producto precisamente intelectual, forman parte de la programación habitual, y forman parte de la vida sin tantos complejos.

Esa consideración, casi clandestina, que tiene el género en España, tiene como consecuencia directa que:

a) En cuanto al reparto, mientras que en Argentina, o Méjico, famosos actores participan en telenovelas de sus respectivos países, ningún actor español que se respete medianamente a sí mismo, querría ser asociado a ninguno de estos productos. Esto, a su vez, produce que la calidad media de los repartos en las telenovelas argentinas, por poner un ejemplo (aunque el ejemplo no sea muy representativo porque las telenovelas argentinas son, con diferencia, las mejores), es bastante alta, mientras que en España por cada actor decente que participa hay 50 lamentables.

b) En cuanto a los guiones, un poco de lo mismo. Boris Izaguirre ha sido guionista de telenovela, y aunque le dé risa, creo que no reniega de ello y lo considera un buen aprendizaje para un escritor. Los guiones de las telenovelas españolas parece que se han escrito en los uno de esos talleres de escritura para aficionados.

Pero todavía hay otra circunstancia sobre la que no tenemos ningún control, que influye en que todos prefiramos las producciones iberoamericanas, y que no augura nada bueno para las producciones españolas, por el momento, y es que las tramas melodramáticas y románticas no son creíbles si se ambientan en la España actual.

Las cosas que ocurren en las telenovelas iberoamericanas enganchan, aunque sean increibles y absurdas, porque nos parece que la historia transcurre en otro mundo, en un mundo de fantasía, con más colores, más romántico, en suma, nos trasladan de un mundo a otro, con hombres más guapos, con acentos más dulces, hombres tiernos, enamorados y galantes, mujeres de todo tipo, pero todas con una capacidad de enamorar que todos querríamos tener, que lloran y sufren muchísimo, pero todos sabemos que acabarán felices y comiendo perdices . Un mun-do sujeto a los códigos del melodrama, más antiguos que la tos, y a los rituales de conquista de siempre, un mundo donde no importa que a la galantería y la protección vaya unido el machismo más atroz. Después de todo, las telenovelas son el mundo donde querríamos vivir durante un rato, pero no para siempre, son pura evasión.

Las telenovelas españolas adoptan por un lado, un tono más realista, y eso las mata. Les sobra trama de misterio y les falta pasión, les falta puro amor, del más empalagoso y estomagante. El tono realista influye también negativamente en la proyección que hacemos los espectadores de nuestras fantasías. Si lo que vemos en la pantalla son, pretendidamente, hombre españoles “normales” ¿es creible hoy en día ver a un chico o a un hombre español hablando abiertamente de amor con un amigo, babeando de amor? Las telenovelas españolas se ven perjudicadas por el “coloquialismo” y la familiaridad, por el “naturalismo”dominante como método de interpretación , pero también por nuestros complejos y tabúes colectivos, por nuestra “vergüenza torera” para demostrar nuestros sentimientos. En la televisión española es mucho más frecuente que los actores reciten una ristra de tacos que una frase de ternura. En las telenovelas españolas, todo es políticamente correcto, pero no te escapas a ningún lado, con lo que la telenovela no cumple su función principal.

Por eso, salvo que consigan una revolución social, señores programadores, no se molesten en producir telenovelas, compren telenovelas iberoamericanas directamente, y así, de un solo tiro, den gusto a los espectadores y ahórrense el esfuerzo.

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