Hombre rico, hombre pobre (Versión actualizada)

En la mayoría de las telenovelas los personajes son o pobres y humildes o ricos millonarios. De vez en cuanto los protagonistas son ricos venidos a menos, pero es raro encontrar telenovelas en las que la trama esté compuesta por personajes de clase media.

Esta distribución de la sociedad en dos clases sociales probablemente sea bastante representativa de las sociedades respectivas en las que, en cada crisis económica, la reducida clase media existente se reduce aún más, las personas que sobreviven por debajo del nivel de la pobreza aumenta, pero ¡oh milagros de la economía y la democracia modernas! los ricos cada vez son más ricos y la desigualdad entre clases aumenta en progresión geométrica.

Todo esto viene a cuento de que en las novelas de todas las nacionalidades aparecen con creciente frecuencia personajes, pobres, que aspiran a tener “lo que ellos se merecen”. Partiendo del hecho de que la expresión “lo que se merecen” o “lo que me merezco” como unidad de medida de cantidad es bastante chapucera (¿alguien sabe cómo se cuantifica?) La interpretación del verbo “merecer” que hacen los distintos personajes también nos produce perplejidad.

Empecemos con la nota didáctica. Según la Real Academia de la Lengua, el verbo merecer, cuando se refiere a una persona, significa “ Hacerse digna de premio o castigo”. También significa “ser digno de premio”. Teniendo esto en cuenta y aunque necesariamente se trate de un juicio subjetivo, los personajes que constantemente hablan de sus “merecimientos” son precisamente los que a ojos de cualquiera no merecen nada de nada.

En honor de la verdad, la mayoría de los personajes que dicen esto no son precisamente los “personajes modelo” sino que suele tratarse de personajes un poco “viva la vírgen” y bastante vagos (holgazanes). En su versión más extrema puede tratarse de ambiciosos (muchas más ambiciosas que ambiciosos) sin escrúpulos de los que hacen lo que sea por medrar y no dar un palo al agua, que traicionan a su madre a cambio de no madrugar. Sin embargo, el hecho de que no se trate de personajes ejemplares no mejora el hecho de que en las novelas a nadie le extrañe que lo digan ni les pregunten algo como de perogrullo, “¿Y por qué te lo mereces?¿qué has hecho para merecerlo?”

Pero es que la situación se agrava porque ninguno de estos personajes aspira a no tener problemas económicos, lo que sería muy normal, sino que a lo que aspiran es a ser unos millonariazos con el riñón forrado de pasta. Cuando sueltan la fatídica frasecita de “lo que me merezco” es cuando o están en un jacuzzi, o con veintisiete mil sirvientes haciéndoles la manicura, la pedicura, la peluquería, el masaje y encima están con un cocktail en la mano (si el personaje es hombre, también a veces añaden un rebaño de mozas de muy buen ver que se dedican a encerarle el pecho al interfecto).

Una aspiración social muy legítima es que todos tengamos trabajos dignos que nos permitan vivir más allá de la pura subsistencia, que accedamos a una educación pública y gratuita, que las clases sociales sean permeables para que, a través del esfuerzo las personas puedan mejorar su situación y la de los suyos, que toda la población tenga sus primeras necesidades cu-biertas, y la riqueza esté distribuida en función de los méritos (esta vez sí que está bien empleada la palabreja), el esfuerzo y el trabajo, y no depen-diendo únicamente de donde y en qué familia hayas nacido. El modelo de llegar a ser millonario a través del billete de la lotería o casándose con un viejo/a millonario/a no sólo no es generalizable ni traspasable como método a los ciudadanos en general, sino que ni siquiera es sano. Sin embargo, a estos personajes de los que hablamos, que aunque a veces son los “malos” muchas veces no lo son, no les molesta que haya pobres, lo único que quieren es no encontrarse en ese grupo, que los pobres sean otros, que a mi es que me da risa…

En “Montecristo”, el personaje de Erica, que es la prima de Laura la protagonista, recibe un tiro por accidente, y ella misma decide ir a pasar la con-valecencia a casa de una amiga rica, en vez de ir a su propia casa, que es modesta pero nada del otro mundo, “porque es lo que ella se merece”. Erica trabaja de friega platos en el restaurante de los Lombardo, donde llega a trabajar una vez empezada la novela por lo que parece que antes no daba palo al agua. En el restaurante empieza a trabajar como pinche de cocina, que a ella le parece un trabajo “muy por debajo de lo que se merece”. El caso es que nadie le calla la boca a la niña con otra pregunta logiquísima, “a ver niña ¿tu qué sabes hacer?”. El hecho de ser pobre, cosa que ella no se merece, otra vez, le hace pensar que puede hacerle todo tipo de guarradas, entre ellas acostarse con su novio, a su amiga Valentina, que siempre la trata con cariño y respeto. Después de todo, como Valentina es rica, ¡pues que se fastidie Valentina!

Otro que no hacía más que hablar de sus merecimientos era Oscar Reyes en “Pasión de Gavilanes”, que trabajaba porque básicamente su hermano Juan le obligaba, pero que siempre estaba pensando en encontrar alguna vía de conseguir dinero fácil y llegar al patrimonio a través del matrimonio, que trabajar, ¡uf, es tan cansado!. Cuando Franco Reyes se queda viudo y hereda la fortuna de su esposa Eduvina, con la que se ha casado por dinero, Oscar aterriza en la casa de la difunta y empieza a lanzarse para rebotar en los sofás comentando una y otra vez, “¡esto es lo que nos merecemos!” ¡Pero si encima Franco le ha dado a la pobre Eduvina gato por liebre y no se la ha llevado ni una vez a la piltra! ¿se lo merece a cuento de qué!.

Otras que se lo “merecen” todo, Barbara Mori en “Rubí” personaje que considera casi un delito que siendo ella una chica tan guapa sea pobre, o Patricia Rojo en “María Emilia” o Angélica Vale en una de esas telenovelas juveniles insoportables, o los hermanos de Carina Zampini en “Collar de Esmeraldas”, o los hermanos de Thalía en alguna de sus “Marías” . Los hermanos y hermanas vagos de las esforzadas heroínas es que abundan que es una barbaridad. Las hermanas sobre todo, es que les das un empujoncito, ¡zas! se lanzan a la mala vida, antes que trabajar.(mala vida que, por supuesto, causa innombrables padecimientos a nuestra heroína). ¿se darán cuenta alguna vez de cuánto trabajan para no trabajar?.

En realidad, es razonable y natural envidiar la buena suerte de los ricos, y no hay que flagelarse con eso, lo que no es razonable es que en las novelas modernas (y no sólo en las telenovelas) se haya generalizado la interpretación de que “merecer” es equivalente a “querer”. Me lo merezco porque lo quiero y de ahí pasamos a que simplemente porque lo quiero tengo derecho a ello, y como tengo derecho, cualquier cosa que haga para ejercitar mi derecho es válida. Pero la dura realidad no funciona así, este es un camino que sólo lleva a tener personas insatisfechas, frustrada e infelices.

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