Guiones a medio cocer

En el mundo telenoveleril abundan los guiones a medio cocer. Los guiones a medio cocer son esos guiones que con frecuencia avanzan a trompicones, con tramas secundarias que se quedan colgando, o con personajes cuyo comportamiento no resiste ni el más mínimo examen racional.

En principio, estar a medio cocer no es una cualidad precisamente buena para los guiones, pero sin embargo nos encontramos con que, en la realidad, hay guiones malos a medio cocer, pero también los hay buenos. En esta clasificación de los guiones mal cocinados, también podemos encontrar guiones aceptables, con personajes absolutamente crudos, de los que rechinan los dientes al morder, y esos son los que más abundan y también los guiones que mantienen el ritmo e interés durante toda la novela, pero que tienen unos finales lamentables y le dan carpetazo a la historia prácticamente en el tiempo que se tarda en decir chim pun, y esos son casi todos.

Como ejemplo de un guión bueno pero, utilizando otro símil doméstico, sin rematar, podemos citar el guión de “Alguna vez tendremos Alas” cuyo guionista, si Alma Latina no se equivoca es Alberto Migré, y sus adaptadores Florinda Meza y Carlos Daniel. Esta telenovela da la impresión de estar basada en algún libro, aunque desconocemos si realmente es así, porque se insinúan multitud de detalles e información sobre los personajes, que posteriormente se olvidan, tengan o no tengan trascendencia para la trama. También el argumento está descompensado, algo que ocurre frecuentemente en las adaptaciones literarias, y se alarga innecesariamente en algunos puntos (el tiempo que tardan los protagonistas en conocerse) aburridísimos para el espectador, y luego va a velocidad vertiginosa desde el momento en que los dos protagonistas se conocen.

Sin embargo, la historia, y sobre todo, los personajes, tienen fuerza, y son originales y atrayentes, más si tenemos en cuenta la tónica supremamente ñoña de las novelas de Televisa. Tanto Guillermo Lamas, como Rosaura Ontiveros, y Magdalena Arredón, hablan claramente de la atracción física entre ellos y no se disimula para nada que la relación entre Guillermo y Magdalena se basa en el sexo, a pesar de que no tienen nada de que hablar. También la novela es novedosa, porque enfrenta a dos tipos de mujeres que no se diferencian por lo que tradicionalmente se distinguen las buenas y las malas en las novelas, o sea porque unas sean puras como la nieve y las malas sean unas lagartas. En este caso, tanto Rosaura como Magdalena tienen una vida sexual, digamos…sanamente variada, pero la diferencia entre Rosaura y Magdalena es fundamentalmente que Rosaura es lista, es fuerte, es preparada, lo que le perjudica con los hombres, mientras que Magdalena es solamente astuta, aunque más lerda que un cerrojo, y es un “as” en la cama, lo que se comenta varias veces, de la misma forma que se comenta que a Guillermo se le conquista no precisamente a través del estómago. Sorprendentemente para tratarse de una novela, el argumento es lo suficientemente real como para que la lagarta gane siempre a la lista por goleada, que es lo que suele ocurrir en la realidad, en cuanto a su atracción para los hombres se refiere. La que no se sabe qué pinta en esta lucha, es Ana, aunque sea la que acabe llevándose el gato al agua.

También son interesantes los personajes de Guillermo y Ricardo, y su fraternal amistad, aunque se desaproveche el personaje de Ricardo, o la mezcla de refinamiento y primitivismo del carácter de Guillermo. Otro personaje carcajeante y original es el de Verónica, la amiga de Rosaura, porque curiosamente, es del bando de los “buenos”, aunque sea totalmente frívola y materialista.

Como ya hemos dicho, en todos los personajes se insinúan detalles, que serían interesantes, pero que se dejan en el aire, como el origen de Guillermo y Ricardo antes de ser triunfadores, la vida aventurera de Sebastián, su problema con el alcohol y su amor por Rosaura; la relación de Rosaura con su padre y la de Sebastián con el padre de Rosaura; la relación de Guillermo con Rodolfo, que se resuelve en un plis plas pero no se explota para nada, y otras más. Pero el premio gordo de lo no explicado es la razón de existir de la familia Nájera, aunque a nosotros nos encante personalmente la actriz Silvia Mariscal. El papel que juega Nacho Nájera es insignificante y desproporcionado con la duración de su intervención (lo que también ocurre con el papel de Isabel, la mujer de Guillermo), y lo que ya es pegote es su reaparición final, que sólo se explica por el afán de hacer sufrir a la pobre Silvia. Otros personajes que no pintan nada, y que sólo sirven para estorbar son Gabriel, el sobrino del tendero, y el otro dependiente y la secretaria-enfermera de Ricardo, que en un momento parece que va a pasar algo con ella pero que se queda ahí.

Los personajes de Ana y Guillermo apenas hablan y se desperdicia el hecho de que Humberto Zurita y Kate del Castillo hacen una buena pareja, a pesar de la diferencia de edad, y su relación amorosa sólo se esboza, a diferencia de la complejidad y el detalle que nos muestran de la relación Guillermo-Rosaura y Guillermo-Magdalena. Sin embargo, todos estos “defectos”, no hacen mala la novela, sino que dejan al espectador con ganas de saber más.

En el extremo opuesto, como ejemplo de novela malísima en la que todo, desde el argumento a los personajes, están sin cocer y desdibujados, podemos mencionar “La Usurpadora”, que es un bodrio mayúsculo. La historia podría ser interesante, pero es una idiotez precisamente por falta de definición. El personaje de Carlos Daniel (pobre Fernando Colunga), es de los peores galanes que se han visto en las telenovelas. Carlos Daniel es lo que en castellano castizo llamamos “un bragazas”, sin el menor carácter y encima un inútil en los negocios, ¿pero qué puede haber visto la tal Paulina en él para enamorarse? Y sobre todo, ¿a quién se le ocurre poner a semejante esperpento como héroe para que las espectadoras nos enganchemos? Carlos Daniel es un pelele con las mujeres, que se ríen de él sin el menor recato, y es un inútil con sus hijos. Todo en esta novela es un despropósito, desde el alcoholismo de la abuelita, a los problemas de salud de Carlitos (otro pobre niño estomagante); la hermanita adoptada, beata total casada con el golferas (Juan Pablo Gamboa otro actor encasillado en papeles ñoños, por ser rubito, y desaprovechado como galán); Cimarro haciendo de amante de Paola, un personaje de adorno que no aporta nada; el millonario moribundo que también se enamora de Paulina-Paola y quiere chantajearla, que es un personaje introducido con calzador para darle un papelito a Miguel de León, en ese momento marido de la Spanic; la mala de Paola que sobrevive a todo y no se muere nunca; el pintor ex amante de Paola que también quiere llevarse al huerto a la rancia de Paulina, y que está interpretado por el peor actor que haya salido nunca en la televisión. En fin, todo en esta novela es un conjunto de ingredientes mezclados en un cubo en el que nadie se ha molestado en poner pegamento.

Otra que tal baila es la telenovela “María Isabel” en la que se concentra el guión incoherente con un error de casting, o sea que la bendita novela lo tiene todo. Los personajes actuan por impulsos incomprensibles para el espectador, los malos son malos porque sí, y los buenos a veces son buenos, y a veces no, lo que sería aceptable y muy realista, si no fuera porque también son tontos. El personaje de Fernando Carrillo, que tiene la personalidad de un besugo al horno, encima se supone que es un pianista y un hombre ultrasofisticado, lo que no le pega nada con la cara de paleto que tiene, lo que contribuye a hacer más increible si cabe el personaje. Para ser tan culto y refinado, además, Ricardo Mendiola, el personaje de Carrillo, primero se enamora de Lorena Herrera, una especie de putón verbenero que no engañaría ni a un muñeco de escayola, pero por alguna razón incomprensible para el espectador, al tal Ricardo sí que la vende la moto, lo que contribuye a la impresión general de que Ricardo, o es increiblemente inocente, o es burri-ciego, ya que llega incluso a plantearse casarse con ella, cuando lo que debería hacer sería darle una propina para que se largue. Después se enamora de María Isabel, una india buenísima pero incultísima y curiosamente, cuando María Isabel se refina, va el tal Ricardito, el sofisticado, y decide que ya no le gusta y la engaña con otra, pero ahora otra que sí es muy culta, para luego darse cuenta otra vez de que ama a María Isabel, que no se sabe por qué le aguanta, con lo tonto que es, y con la familia que tiene, empezando por la entrometida de su tía y terminando por la desabrida y antipática de la hija. Total, que el Ricardito es una perita en dulce, justo lo que hace falta para un héroe de telenovela.

Entre las novelas buenas que acaban mal, no por culpa en este caso del guión, probablemente, sino de la realización que les da el carpetazo sin el menor cuidado, podemos citar “Valeria y Maximiliano”, “Paloma”, la misma “Alguna Vez Tendremos Alas” “Tu no nadie”; “La Dueña”… y otras mil.

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Comments

  1. paloma termino mal porque se murio el protagonista en la vida real.

  2. silvia dice:

    cuando decis que terminan mal a que os referis a que terminan mal osea que los protagonistas no acaban juntos o cosas asi o que el final es precipitado?

    en paloma el protagonista no era andres garcia?

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