Dichos, modismos y acentos

El otro día, buscando algo, encontré un artículo muy interesante de una web colombiana, titulado “La maldición de Telemundo”. En él se critica la manía de Telemundo de hacer que sus novelas sean de ninguna parte, y que los actores hablen con un acento “neutro”. Por lo que se vé, Telemundo, en su intento de desbancar a Univisión como primera cadena hispana de los EEUU, únicamente se preocupa por los “latinos” de habla hispana de ese país, en su mayoría mejicanos, como si no sólo los hispanohablantes de los EEUU de otros orígenes,sino los hispanohablantes del resto de América y de España no les preocuparan nada. El artículo comenta lo ridículos y forzados que suenan algunos acentos, y lo descoloridas y aguadas que quedan esas novelas, en comparación con el “artículo genuino”, novelas en las que los distintos acentos, chistes y modismos son perfectamente localizables.

Este es un tema que ya hemos tratado aquí anteriormente, comentando que para nosotros es más interesantes la telenovela original, lo que en el argot del sector se llama “la lata” en vez de las adaptaciones que cada país hace de un argumento, que es lo que llaman “un formato”. Sin embargo, muchos programadores se preocupan de la diferencia de los acentos y realidades como si eso fuera muy importante para los espectadores, cuando si algo tiene la novela es, precisamente y como se repite hasta la náusea, que los argumentos y las tramas son “universales”. Para nosotros es evidente (y también lo es para los autores del artículo que comentamos) que el producto original tiene muchas veces una gracia irrepetible, que no se consigue en ninguna adaptación posterior. Por ejemplo, “Betty la fea” es una de las novelas más originales y graciosas que se han visto. Es verdad que las adaptaciones, la mejicana y la española también han tenido éxito, ¿pero han tenido más éxito del que habría tenido la novela original si la hubieran vuelto a emitir, o en el caso de Méjico si la hubieran emitido en vez de adaptarla? El caso de las adaptaciones en realidad sí que se entiende. Después de todo las productoras de televisión y los actores de los distintos países necesitan comer, y ¿qué mejor que no arriesgarse haciendo una versión de un programa de probado éxito? Aún así el programa original sigue siendo, en la mayor parte de las veces, mucho mejor.

Pero si las adaptaciones pueden tener un sentido claramente económico, ¿qué sentido tienen las producciones asépticas? En teoría, la eliminación de los localismos hace que los espectadores de cualquier lugar nos sintamos identificados con los personajes, al no localizarse la trama y la acción en una realidad que sea ajena para nosotros, pero en la práctica, y creo que así lo demuestra también el nivel de audiencia de las telenovelas de Telemundo, lo que ocurre es que nadie se siente identificado, la novela es de todos los sitios y de ninguno. Particularmente, a nosotros nos parece que es mejor localizar las novelas donde sea y dejar a los actores que hablen a su aire ya que además, así actuan mucho mejor. Después de todo, en la telenovela nos sentimos identificados con “el sentimiento” porque el resto de la trama es siempre tan irreal y loco que nadie se mete en el papel hasta ese punto. Esa es la gracia de las telenovelas. Las diferencias del idioma nos muestran la extraordinaria riqueza y variedad de cada país, y los acentos sólo añaden un toque dulce, gracioso, exótico y atractivo mientras que los modismos, dichos y retruécanos nos hacen, si cabe, más gracia que los propios.

Las novelas “locales” desde nuestro punto de vista, tienen además la virtud de mostrarte países lejanos tan atractivos, que te gustaría visitar, realidades distintas a como te las imaginas. En “Betty la fea” los insultos de Mario, el amigo de Armando, y las críticas de Hugo el modisto, eran verdaderamente tronchantes. En su día se comentó que “Betty” le hizo un gran bien a Colombia, al mostrar al mundo una realidad y una gente distinta de la que sale habitualmente en los medios de comunicación. Otra novela de carácter totalmente local que fue un éxito internacional fue “Café…” donde también aprendías cosas interesantísimas sobre la economía del café y además podías apreciar unos paisajes mucho más variados de lo que el turista normalmente aprecia. Con las novelas, hemos visto que Colombia es más que Cartagena, que hay una diferencia enorme entre un limeño, un peruano de la sierra y otro de la selva (¿se acuerdan de “Luz María”, o por ejemplo de la madre de la protagonista de “Pobre Diabla” con ese acento loretano?). Si cabe, las telenovelas “locales” en vez de producir rechazo te atraen más, y te provocan una especie de sentido de “propiedad” sobre lo ajeno, de orgullo del producto bien hecho, como si los habitantes de esos países se hubiesen convertido de alguna manera en algo tuyo, en alguien de tu familia.

Otra diferencia, que probablemente los directivos de Telemundo, pensando en los EEUU, no han tenido en cuenta, es que el español es un idioma de sonidos muy homogéneos, no como el inglés, y que salvo si se utiliza un argot muy cerrado, la comprensión entre los hispanohablantes es prácticamente total. Por razones históricas, además, los que hablamos español tenemos unas raíces culturales muy parecidas, mucho más parecidas y cercanas que los que tienen como primera lengua el inglés, por lo que los conflictos son perfectamente entendibles. Concretamente, de todas las novelas que hemos visto, y son unas cuantas, sólo ha habido dos en las que nos fuera absolutamente imposible entender lo que decían los actores. Una es “La Mentira” donde los sonidos que salían de la boca del capataz de la finca de Demetrio Asúnzolo (Guy Ecker) eran dificilmente reconocibles como palabras de ningún idioma, y otra es “Juana La Vírgen” donde un auxiliar de la oficina de Mauricio, que se supone que era un chico de un barrio de Caracas, hablaba un argot tan cerrado que no se entendía el significado de sus palabras.

Por tanto, señores de Telemundo, dejen el acento en paz y hagan que las tramas de las novelas transcurran en lugares reales y no en unos míticos “Soplavientos” ni en “capitales” de nombre desconocido. A los espectadores no nos importa, e incluso hasta nos gusta, que los actores tengan acentos diferentes, eso nos hace sentirnos más importantes, dándonos cuenta de hasta dónde podemos llegar y la cantidad de gente a la que podemos entender en nuestra lengua, de verdad de la buena.

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Comments

  1. Genial el comentario. Yo recuerdo que en Pasión de Gavilanes no sabias donde narices pasaba la acción, todos iban con sombrero cowboy como si estuvieran en el oeste. Una pena

  2. sumarfi dice:

    Totalmente de acuerdo. Las diferentes visiones, los localismos y los diversos acentos nos enriquecen.

    Lo que me he reido yo con las expresiones tan divertidas que salen en las novelas!!

  3. Muy buen artículo!!!!!

  4. Samba dice:

    un estupendo ejemplo de convivencia idiomática es “La Hija del Mariachi”, y la mezcla entre mexicanos y colombianos.

    Aquí teneis una ilustrativa conversación entre el colombiano Fer y el mexicano Francisco /Emiliano, donde Fer da clases de “colombiano” a Francisco para que este puede hacerse pasar por un colombiano más. Es uno de los muchos momentos de la novela en los que, a diferencia de lo que haria telemundo, en lugar de empeñar en “disfrazar” las diferencias del castellano y de los que lo hablamos, se “disfruta” de ellas.

  5. Anónimo dice:

    Ay que me alegro un jurgo Samba que estes ya viendo la hija.

    Una pregunta, y por que me da en la napia que tu eres de la tierra de mis primos chilenos. Tengo oportunidad de conseguir “Brujas” ¿vale la pena o hay alguna mejor?

  6. EL GALLEGO dice:

    JODER ESTOS TIOS CULOMBIANOS HABLAN COME NEGROS Y SON NEGROS BANANEROS ADEMAS DE COCALEROS AGUANTEN LAS FARC NEGROS GILIPOLLAS

    A CUANTO EL KILO DE COCA NEGROS PENDEJOS COCAINOS CULOMBIANOS ha ha ha

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