Costumbres irritantes y trucos baratos

Hay algo que ocurre con frecuencia en los diálogos (en los malos diálogos) no sólo de las telenovelas, sino de otro tipo de parlamentos, aunque en realidad no sabemos si se trata de un problema del guionista o del actor. Nos referimos a esos parlamentos o diálogos en los que el personaje de turno repite sin cesar el nombre del interlocutor, más o menos cada 5 segundos, sacando del quicio al espectador. Seguro que han oído y visto innumerables parlamentos tipo:

– Angelina (o Pilar o Juanita o Verónica…) te digo, Angelina, que el día que te ví, Angelina, por primera vez, Angelina, sentí que mi corazón, Angelina, se paraba…

Y otras frases por el estilo. Por supuesto que el ejemplo está un “poquito” exagerado, pero ¿no les irrita que se repita tantas veces el nombre del interlocutor (aunque más frecuentemente es el de la interlocutora), como si la que escucha no supiera que hablan con ella? Como además se trata de escenas en las que sólo hay dos personas, no comprendemos cómo las pobres pueden soportarlo. Una novela en la que pasa eso es en “María Rosa, Búscame una esposa”. En esta novela Marcelo Cezán repite el nombre de María Rosa cada vez que coge aire para respirar, que a veces dan ganas de taparle la nariz para que no respire. Igualito que Juan Urdaneta en Dora, que parecía que quería borrarle el nombre y daban ganas de estrangularle (aunque no sólo por eso…)

Pero hay otra costumbre incluso peor, y es el hecho de que haya personajes a los que siempre se refieran con el nombre y el apellido. En una conversación normal, con gente normal, al empezar una conversación, y dependiendo del grado de confianza bien entre los interlocutores, bien con tercera persona objeto de la conversación, se establece la identidad del sujeto-objeto una única vez. Por ejemplo si el que inicia la conversación habla de un tal Pepe, y el segundo no sabe a quién se refiere, lo lógico es que pregunte “¿qué Pepe?” y una vez que se aclara que se trata de Pepe Pérez, ya no hace falta repetir la filiación completa ninguna vez más. Si los dos interlocutores saben a qué Pepe se refieren ni siquiera eso.

Sin embargo, en las novelas siempre que se habla de alguien, se les menciona con todas las letras. Lo único que falta es que nos lo identifiquen con la fecha de nacimiento y número de carnet de identidad. ¿Será este un truco para alargar los diálogos o es simple desprecio de la inteligencia del espectador porque se creen que si no nos dan todos los datos no van a saber a quién se refieren?

En “Luna la heredera” es una de las novelas donde pasa eso. En cualquier conversación, cada vez que hablan de “Mauricio García”, que además es el protagonista por lo que es objeto de muchísimas conversaciones, siempre se refieren a él de esa manera, “Mauricio García”. Como además se da la circunstancia de que, mientras todos los demás tienen apellidos rimbombantes, Mauricio se llama García para resaltar que aunque ahora sea un rico, es un rico hecho a sí mismo y es de ascendencia humilde, el truquillo de marras es tan inocente que da risa. Tampoco en “María Rosa”, se esmeran mucho porque para destacar también que ella es de familia modesta, le encajan otra vez el García, mientras que los demás personajes tienen apellidos más variados, Vargas, Salgado, Forero, Amador…

Alguien debería explicar a los guionistas que aunque es probable que los personajes “aristócratas” o “nobles” tengan apellidos compuestos y complicados, cuando se trata de riqueza no hay regla que valga. Florentino Pérez el antiguo presidente del Real Madrid, que aunque no es que sea especialmente fino, está forrado en dinero, no sólo se llama Pérez y a mucha honra, sino que responde al nombre de Florentino. Y como él otros miles. De la misma forma, hay gente de clase media con apellidos sonoros y preciosísimos. Otro ejemplo que podemos poner es el de un torero, que aunque ahora ya tenga un buen pasar no hay más que ver a la familia (y a la ex-novia y madre de su hija ) para saber que la suerte familiar empezó con él. Por supuesto nos referimos al dueño del difunto Currupipi, al torero Jesulín de Ubrique, nacido Jesús Janeiro Bazán, apellido digno de cualquier novela…

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Comments

  1. gaviota dice:

    Buenisismo el artículo, como siempre Nanay. Mi teoria es que es un comodín para darles tiempo a que se acuerden de lo que viene.

    Y lo que comentas de Luna, yo creo que ahi lo de nombrar a Mauricio con el apellido era para darle respeto. Pero si es verdad que carga el que nombren tanto.

  2. Nuria89 dice:

    Es cierto que repatea oirlo, y más en ambientes familiares o círculos cerrados y bien establecidos, estoy de acuerdo, y que siempre pasa en las telenovelas? también ¡y mas si el apellido es García, Pérez o Fernández! te dan ganas de matarlos a todos con el mando a distancia. PERO, yo pienso…

    Mercedes Milá (por decir algo) siempre será Mercedes Milá, y “la Preysler” siempre va con apellido… Igual que para nombrar a Cayetano y Francisco Rivera (los toreros de turno) el nombre siempre va ligado al apellido… o para referirse a “Belén Esteban” (la celebérrima antes mencionada, jaaja) da igual que todos sepamos de quién estamos hablamos que saldrá a relucir nombre y apellido para nombrarlos seguro! ¿y qué me decís de Rocío Jurado, Alejandro Sanz, Rocío Durcal.. ok, es nombre artístico como con María Teresa Campos, Jorge Javier Vázquez, Julio Iglesias!! o Sergio Dalma, Vicente y Alejandro ¡¡Fernández!!, Amador Mohedano! …. en la farándula es muy común. Pero pasa con Carla Estrada, con Christian Meier y con el futbolista de turno. En determinados ambientes es inevitable que el nombre vaya con el apellido, en el ambiente jurídico sobretodo, en el periodístico, artístico. No me resulta muy raro porque en la facultad por ejemplo yo no soy Nuria+ apellido y la gente se refiere a mí Nombre+Apellido…eso te lo aseguro ¿Repatea? tal vez, a mi te aseguro que sí, pero no es algo exclusivo de las telenovelas ni error de guionistas. En latinoamerica pareciese que esto se acentúa. No sé.

    Reflexión interesante al fin y al cabo.

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